
“Penna e calamaio. Birome y papel para escribir lo que acabamos de aprender con la familia Andrade.”
Lo dije al cierre de esa entrevista. Pero antes hubo algo que no estaba en el guion. Fue en un velorio. Ross Mary se cruzó a una tía, le contó que a ella le hubiera encantado tener la ciudadanía italiana, y la tía le dijo: “Yo ya la tengo.” Y le mostró el pasaporte. Eso fue lo que encendió todo.
La ciudadanía italiana vía judicial en Bolivia no se gana con un turno consular. Se gana con una decisión de la familia, un juez en Toscana que firma, y alguien que se queda afuera del grupo para que los demás puedan entrar.
Eso fue lo que pasó con la familia Andrade de Santa Cruz de la Sierra.
La tía que sacó el pasaporte italiano en el velorio y todo cambió para esta familia
Ross Mary llevaba años con la idea. Su hermana Mirta y su mamá, que ya en paz descanse, también. Lo habían escuchado en otra familia cercana, años antes de la pandemia. Se les prendió la mecha.
Pero los papeles estaban lejos, en una localidad a horas del pueblo. Ross Mery consiguió a alguien que le ayudara a buscar. Tenía los originales. Los certificados para empezar. Y vino la pandemia.
Y se paró todo.
Tres años sin moverse. Ross Mery le preguntaba de vez en cuando a su tía Elba, “¿cómo anda todo?”. “Estamos ahí”, le decía Elba. Nada. La mecha se apagó.
Pero hace tres años, en un velorio, Ross Mary se encontró con otra tía, hermana de Tatín Melgar — la primera familia de toda la prole que había sacado la ciudadanía — y charlando de todo, salió el tema.
“Pucha, a mí me hubiera encantado, pero no se pudo”, le dijo Ross Mary.
Y la tía: “Yo ya la tengo.” Y le sacó el pasaporte del bolsillo. Así. Ahí. En el velorio de un tío.
¿Podés imaginarte lo que se le cruzó por la cabeza a Ross Mary en ese momento? Después de años sin moverse, la respuesta estaba en un bolsillo ajeno.
Al otro día Ross Mary fue a la casa. Llevó el fajo de papeles. La tía le dijo: está bien, pero capaz ya no te sirve. “Así fue como empecé el trámite y tomé contacto la primera vez con Italo Tribu“, me dijo después. Esa fue la primera entrevista.
La capitana que empujó a la familia a obtener el pasaporte italiano
En toda familia que llega a la ciudadanía italiana, alguien decide. Alguien se para adelante y dice “vamos”. En esta familia fue Ross Mary.
Clover me lo dijo casi textual: “Y eso fue algo que digamos gracias a Rosmery, ¿no? Que fue la que más insistió.”
Cuando le pregunté a Ross Mary, fue rotunda: “Esta es la oportunidad.” Y se movió. Y cuando la decisión se frenó por el tema económico, fue ella la que dijo: hagamos el último intento.
Fue la decisión de tres hermanos: Ross Mary, Clover y Mirta. Cada uno por sus hijos. La sentencia reconoció a los hijos de los tres. Pero no a los tres como adultos.
Ross Mary festejó llamando a sus hijas — una estaba estudiando en Alemania, la menor saltó en una pata en la casa.
Clover festejó llevando pizzas italianas a sus tres hijos, literal: “Yo lo que hice fue pasar por una pizzería italiana y llegué con pizzas italianas.” Mirta festejó con su esposo, sola en la casa. Tres hermanos, tres reacciones. Una misma sentencia.
La decisión que nadie quería tomar en la familia
Cuando llegó el momento de decidir quién entraba al grupo, Clover lo dijo así: “La parte más difícil para mí fue cuando íbamos a decidir si yo entraba o no en el grupo.”
Y la frase de su festejo, cuando llegó la sentencia, fue esta otra, textual: “Yo no formo parte del grupo que va a obtener la ciudadanía, o sea, solo mis tres hijos.”
En la familia se hizo el análisis. No había condiciones para que entraran todos. Y Clover tomó la decisión: él no entraba.
“Inclusive tuve que hacer unos artificios ahí para conseguir el pago por mis tres hijos”, me dijo. Y la frase que le salió después, mirando hacia atrás, ya con la sentencia en la mano: “Me incluiría yo.”
Eso es lo que duele y lo que honra al mismo tiempo. Un padre que mira a sus hijos y dice: van ustedes, yo me quedo. No porque no quiera. Porque la plata no alcanza para los seis. Tres hijos. Y el padre se autoexcluye del grupo.
Eso no es fácil. Es renunciar a un pedazo de tu identidad, para que otro pedazo (el que viene) pueda entrar.
Clover festejó igual. Cada uno en su casa. Sin abrazarse juntos. Llamó a sus hijos, les dio la sorpresa. Pizza italiana para celebrar la ciudadanía italiana.
Ross Mary, en cambio, lo festejó con sus hijas. Las llamó. Una estaba en Alemania, la menor saltó en una pata, se abrazaron, gritaron en la casa. Esa es la otra parte del festejo.
Pasaporte italiano: el miedo a la distancia y el problema del dólar
Hablemos en serio de Bolivia. Una familia en Santa Cruz, un juicio en el Tribunal Ordinario de Firenze, Toscana. A 10.000 kilómetros. Pagos en euros. Problema del dólar. Año judicial que se cierra a fin de año.
Ross Mary lo dijo así: “A veces era muy estresante. Uno tiene dudas y quisiera preguntar más. Con mi hermana poder reunirte, no poder, a ver qué opinan, qué dicen, ¿por qué esto? ¿Por qué se quedan callados? ¿Ni siquiera nos dicen nada?”
La ansiedad de pagar sin ver. De confiar sin tener respuesta instantánea. Pero confiaron. Pagaron. Siguieron. Y salió.
Hay que tener paciencia para lograr el pasaporte. La justicia italiana va a actuar como tal
Clover fue el más claro cuando le pregunté qué decirle a alguien que está por tirar la toalla. Lo dijo así: “Lo único que hay que tener es más que miedo o duda, paciencia, porque la justicia italiana va a actuar como tal.”
Ross Mary, lo comparó con el parto.
“Se sufre en el trayecto, pero es un sufrimiento que pasa. Lo sentís, sentís esa ansiedad de que ya que salga, que salga. Pero cualquier cosa traba. Respirás profundo y seguís adelante.”
Y la frase de Ross Mary que le cierra a alguien que está frenado con su reconocimiento, textual:
“No pierdan nunca la esperanza y que sigan, que sigan, que sigan. Nosotros hemos hecho y rehecho varias veces la documentación. Además de eso vino el tema de la ley, las modificaciones en el interín. Con la pena que sí, que no, que si la cambian, que si se demora, que si es retroactivo. Adelante, sigan, sigan, sigan, y no dejen de perseguir su sueño!”
La cita con la sentencia (que casi los mata del susto)
Antes del final hubo un momento que les hizo creer que todo se caía. Ross Mary me lo dijo así: “Para poner la cereza al final, al final del tramo, cuando nos reunimos con su colega y nos dijo ‘queremos hablar con ustedes”.
“Yo entré temblando a la reunión porque dije, ¿qué irá a ser? Que era algo malo. Y nos dijo: “Sí, es que había que hacer un trámite rápido”. Y ahí fue donde nos asustamos.”
“Un trámite rápido. Plazos cortos. El corazón en la boca. Pero salió bien. La ansiedad está en el medio, no en el resultado.
Después vino la reunión donde les mostramos la sentencia favorable. La del Tribunal Ordinario de Firenze. La firma de un juez en Toscana. Los nombres de los hijos de los tres hermanos, reconocidos oficialmente como italianos.
Y las pizzas italianas de Clover para sus hijos. Y las llamadas de Ross Mary a sus hijas, una en Alemania.
Y el grito de Mirta en la casa, abrazándose con su esposo. Y Clover, con la satisfacción de haber empujado a sus hijos hasta la línea, aunque él no cruzó”.
Lo que cambió en esta familia con la ciudadanía italiana (y qué cambia en la tuya)
Lo que cambió en esta familia no fue un papel. Fue una decisión. Clover tomó una decisión que le costó por el momento no entrar.
Ross Mary tomó una decisión que le costó pelearla sola al principio. Mirta tomó una decisión que le costó vencer la duda. Tres decisiones. Una sentencia.
Lo que cambia en la tuya, si estás leyendo esto desde Santa Cruz, La Paz o Cochabamba, es saber que la ruta no es el consulado. La única vía con tiempos ciertos es el LITIGIO BLINDADO® en un tribunal italiano.
Pero te aviso algo. La nueva ley italiana restringió el reconocimiento por descendencia. Los bisnietos y generaciones sucesivas tienen cada vez menos margen.
Y la demanda sigue siendo enorme. Y el consulado en Bolivia muchas veces ya no da turnos para hijos ni para nietos. La ventana legal se está achicando. La espera no va a mejorar.
Si querés saber si tu caso entra por un tribunal italiano, hace el test de elegibilidad ahora.
El pueblo donde nació el abuelo: Gallicano
Hay algo que todavía no pasó en esta historia. Y que me hace ilusión cerrar.
El abuelo nació en Gallicano. Un pueblo del Apenino toscano, entre la Toscana y la Emilia-Romaña, con murallas, iglesias y una gruta famosa donde hay estalactitas y estalagmitas que se llama la Gruta del Viento.
Está a caballo entre el Tirreno y el Adriático. Carreteras con curvas que suben por la montaña.
Ross Mary investigó. Vio fotos. Vio la iglesia. Pero no fue. Todavía. Como está pendiente para muchas familias el viaje a la comuna del acta. La sentencia es la llave.
P.D. En un velorio, alguien sacó un pasaporte italiano del bolsillo. Hoy, la sentencia la firma un juez en Toscana.
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Aviso de Transparencia:
El contenido aquí expuesto es de carácter puramente informativo, basado en el análisis de la actualidad y la experiencia en el sector de la ciudadanía italiana Iure Sanguinis. Esta información no constituye asesoramiento legal, profesional ni vinculante. Cada caso es particular y debe ser analizado en detalle.
